Sus lágrimas no lograrían esta vez convencerl@, pues sus lágrimas son puro atrezo y por fin lo sabe. Son opacas y le ciegan. No le dejan ver a su pareja, no le dejan ver que no sólo no la ama, sino que lo único que pretende es conservar lo que cree que es suyo.
Sus lágrimas no son más que llamadas de atención. Nunca, propósitos de enmienda.
Son lágrimas inmaduras, lágrimas que vencen nuestra estima, pues la postergamos. Se valen, pues, de la bondad de quien las observa, y que relega entonces su bienestar a las presuntas obligaciones. Es su instinto el que se impone.
Sólo entonces, disfrazados de cachorros indefensos, l@s violent@s apelan al "sin ti no soy nada", al "te necesito", al "te quiero". Y aquel "no volverá a suceder", tiene un terrible trasfondo. Y, pese a ello, pese a que es hediondo, somos incapaces de detectarlo. Estamos tan acostumbrad@s a una convivencia tan insalubre que los besos, que saben a agua de cloaca, nos parecen extraordinarios, y creemos que lo que nos sorprende o nos eleva es el sentimiento, pese a que a éste le mataron con tanto menoscabo. Lo que nos desarma, realmente, es la infrecuencia que creemos entonces derrotada.
Pero un día, UN BUEN DÍA, ese chantaje emocional pierde su fuerza. El instinto es superado por la razón y las lágrimas de atrezo ya no logran su propósito.
UN BUEN DÍA, las lágrimas ya no le convencieron y UN BUEN DÍA DECIDIÓ, POR FIN, RETOMAR LAS RIENDAS DE SU VIDA.
EL PERDÓN Y EL AMOR
-
Con este escrito no quito nada de todos los demás escritos que he hecho,
pero sí que quiero que quede constancia, que han pasado más de tres años
desde q...
Hace 5 semanas