domingo, 25 de marzo de 2012

A la primera advertencia, pongamos tierra de por medio

Nunca supe muy bien cuál era el detonante: si un estado perenne de rabia, para ocultar la cobardía; o si en realidad la brutalidad contra el más débil es algo que se regalan como terapia contra la ponzoña acumulada durante el día. Tal vez un mal sueño sea incluso la excusa para empezar a golpear o... Pero el hecho es que las agresiones, cuando se vuelven cotidianas, surgen casi de la nada, de nimiedades como una luz que se quedó encendida o una puerta abierta, cerrada o entornada. Cualquier pretexto es bueno para imponer su "autoridad". Y en aras del amor o en defensa de aquello en lo que tanto creímos y que nos negamos a perder, cuando, no obstante, nada queda, intentamos ver una y mil maneras de atajarlo. Convivimos con el miedo y nos empecinamos en creer que no será para siempre, que es algo pasajero, que algún día volverá a ser esa persona de la que nos enamoramos.

Nos olvidamos, pues, de que esa persona de la que nos enamoramos tal vez nunca existió, porque en los momentos iniciales tendemos a endiosar al ser amado y cualquier advertencia nos parece lejana, incluso imposible. Y ocultamos la información que nos desencamine a aquello que la sociedad nos ha animado a alimentar: la convivencia en pareja. Nos cegamos, pues, a las señales y nos dejamos llevar hacia lo que supuestamente se espera de nosotros. Pero nadie espera que compartamos nuestra vida y nuestros sueños con alguien que nos insulta, que vocifera, que golpea la mesa, que zarandea... Nadie espera que ocultemos que alguien nos ha abofeteado, golpeado, mortificado. Y mucho menos, que olvidemos y perdonemos.

No hay nada que podamos hacer para dulcificar su carácter, para recobrar el amor de los primeros tiempos. No hemos de sacrificarnos para lograrlo.

Quienes maltratan, necesitan ayuda para construir una forma nueva de afrontar la vida, lejos de la cobardía que tan bien los describe. Pero quienes son objeto de sus agresiones también necesitan que alguien les muestre que, por mucho que lo intenten, convivir con el hecho de ser víctimas no ayuda de ningún modo a reconducir a un maltratador hacia el camino del respeto mutuo. Nadie es tan fuerte como para poder asumir en solitario el rol de educador de alguien así, y menos aún cuando se comparte salón, cocina, baño, lecho.

Alguno incluso llega a ser tan retorcido que opta por quitarse la vida y dejar bien claro antes de hacerlo quién es culpable de tal decisión. Quieren seguir mortificando incluso tras su muerte. Quieren que la culpa impere. Pero no es labor de la víctima el evitar. La ayuda que precisan es ayuda profesional.

Ante la primera advertencia, pongamos tierra de por medio. No nos erijamos en salvadores, pues acabaremos con nuestro cuerpo lacerado, con nuestra personalidad pisoteada, con nuestra fortaleza muerta y tal vez sin un hálito de vida.

8 comentarios:

Agata dijo...

No sé qué decir ante una vivencia. Sí puedo actuar no dejando que estas palabras queden en el silencio. Un beso grande para todos los que sufren, de una manera o de otra.

rosscanaria dijo...

Estoy totalmente de acuerdo, hay que salir corriendo ante una situación de este tipo, el mañtratador NO va a cambiar y mucho menos por tí, ante el maltrato, tolerancia CERO...
Besos Markesa y lindo domingo,

Marga dijo...

Mi enhorabuena por este post!!! Llevaba tiempo sin pasar por este Blog. y la verdad que debo decir, que me encanta la claridad y la verdadera franqueza con la que te expresas.

Y ante el tema de este post, es muy cierto como tu dices que tenemos tendencia y aveces en desmedida a endiosar a la persona amada, y la verdad es que "nadie es mejor que nadie".

Y ante situaciones violentas diste en el clavo "pongamos tierra de por medio" apartemos-nos!! Debemos pensar en el respecto pero sobre todo y ante todo "A nosotros mismos" pues si no nos respetamos, nadie nos respectara, creo que ese es el principio, para poder conseguir, romper con eso que no nos hace ningún bien.

Fuerza y Animos, para todas y todos a los que de verdad, se decidan.
Un beso y gran y fuerte Abrazo

Markesa Merteuil dijo...

Besos y fuerza para todas, y para todos, que también hay hombres que sufren maltrato.

RECOMENZAR dijo...

Maravilloso tu texto Nunca habia entrado en este blog

Shantal dijo...

Maravilloso tus textos como siempre...Cuanto tiempo sin leerte, casi dos años de mi ausencia, ahora vuelvo con otro nombre y otro blog, soy Gara, no se si me recordaras, me alegra leerte.

Besos

Dr.Mikel dijo...

El caracter, la libertad y la integridad de una persona siempre ha de prevalecer ante cualquier hecho o persona que trate de arrebatar nuestra condición innata, faltaría más.

Kim Basinguer dijo...

Efectivamente a la primera señal hay que alejarse lo antes posible. Lo malo es que siempre justificamos al ser amado...a veces hasta la muerte.