martes, 15 de mayo de 2012

Isabel





Cinco balas entraron en su cuerpo
rompiendo la carne y los huesos,
como cinco miradas de odio,
una por cada vez que fue rechazado.

Cuanto más crecía su amor,
¿qué amor?,
más grande se hacía su odio,
¿qué amor?

Cinco balas entraron en su cuerpo,
demasiado pronto,
solo tenía diecinueve años
y mucho amor... pero no para él.

Cuanto más la veía,
tan joven, tan rubia y lozana,
con toda la vida... para otros,
más crecía en su interior... el odio

ese extraño amor ponzoñoso
que nada sabe de besos, ni razones,
de miradas, ni razones,
de abrazos, ni razones.

Cinco balas entraron en su cuerpo,
como cinco sinrazones,
que se llevaron sus besos, sus miradas, sus abrazos,
sus caricias y su amor

que no pudo dar
a los hijos que no tuvo,
que no pudo dar... a nadie,
era muy joven todavía.

Su cuerpo blandió el aire
ante la mirada de su asesino
satisfecho ya por fin,
¡si no eres mía no lo serás de nadie!

le dijo con su voz desconocida,
mientras ella caía y caía
con su cuerpo de marioneta
con todos los hilos rotos

por cinco tiros,
uno se llevó sus besos
otro apartó sus abrazos
otro cegó su mirada

uno más quebró sus caricias
y el último arrastró su amor,
arrancándolo de su interior,
sobre un charco de sangre... de su sangre.

Su cuerpo descerrajado,
agonizante,
quedó inerte sobre el suelo
perdiendo la vida por los cinco agujeros

de las cinco balas,
que interrumpieron sus sueños,
que interrumpieron su vida,
pero no su recuerdo.

Cinco balas entraron en su cuerpo,
rompiendo sus carnes y sus huesos,
como cinco vidas perdidas
antes de tiempo.

¡Isabel murió cinco veces!
¡Antonio la mató cinco veces!
porque no era suya,
no la mató una vez... sino cinco

de una manera cruel y atroz,
como no se mata ni a un perro,
¡la próxima vez no lo pienses dos veces
y mátate tú cabrón!

Antes de hacer nada más
pégate tú el tiro y desaparece,
sin dejar siquiera un recuerdo
tras de ti,

dejando la paz,
que no supiste dar,
y el amor,
que no supiste conquistar.

El amor de Isabel
fue arrancado un día
once de julio
sin ni tan siquiera brotar,

en el zaguán
detrás de la puerta.
Fue arrebatado por cinco balas
que se lo llevaron

tan lejos,
que nadie lo podrá ver,
tan rápido,
que no tuvo tiempo de florecer.

Ignacio Pacheco Cabrera

4 comentarios:

Kim Basinguer dijo...

Hasta cuando las mujeres del mundo entero soportaremos esto.

Markesa Merteuil dijo...

A las mujeres se nos gana con afecto, cariño y ternura. Es el único modo.

Jorge CimadeVila dijo...

en estos tiempos de locura la gente odio u ama sin saber que el amor es la vida, el vacio es ver pasar poquito a poco viendo el mundo, esperando la chispa. Hace falta más razón entre tanto odio.

Me encanto!

Pablix Pebablds dijo...

Excelente texto.

Saludos!
Parado en el Abismo