domingo, 21 de septiembre de 2008

De Nadie más

Sólo era ella misma en la terraza estrellada de noches. El cielo nocturno la despojaba de sus ropas de mendiga y de Doña Nadie.
Era incapaz de engañar a la luna, el único astro cuya nitidez era inapelable. Sus cráteres borrosos no mentían. ¿Por qué mentirles a ellos, entonces?

De modo que una noche despejada ella se desnudó una vez más ante la evidencia celestial.
Se quitó de encima los disfraces y uniformes que otros le habían calzado y que le impedían gritar su desesperanza y su dolor. Su risa alegre escamoteada.

Ella llevaba a cuestas una constelación de desprecios y laceraciones. Las palabras pueden destruir al espíritu más valiente. Así como los golpes.

Al día siguiente esperó a que él se fuera. Y se fue para no volver, llevando lo imprescindible. Su totalidad menoscabada, pero suya al fin y de Nadie más.

5 comentarios:

Markesa Merteuil dijo...

A veces las capas nos las van colocando tan poco a poco que ni siquiera somos conscientes de que las tenemos... y luego no llegamos a explicarnos muy bien cómo hemos llegado a ese punto... de ahí que sea tan importante hallar fuerzas de donde sea para volver a ser dueñas de nosotras... y por eso es tan importante que estemos ahí, para quien nos necesite, para ayudarle a recuperar su identidad. Sin meternos en exceso, pero estando al menos.

Felisa Luna dijo...

En ocasiones es suficiente con saber escuchar.

Duquesa de Katmandu dijo...

A algunas nos han "formateado" para resignarnos a los devenires impuestos. Luego hay que desembarazarse de todo eso... No es fácil pero es posible.
Mil gracias por dejarme participar acá!

Beso,

JoPo dijo...

no dejas de sorprenderme

SoL LuNaR dijo...

LuZ